martes, 25 de febrero de 2014

Mamá.
Hoy el cielo es gris, pero no hace frío.
Me gusta decirte mamá.
Hoy, cuando preparo unas tostadas para mi hija, viajo en el tiempo hasta mis cuatro o cinco años. El aroma del pan recién tostado, en aquellas mañanas de hace tantos años que, antes de ir al colegio, tú me preparabas, asalta mis recuerdos.

Sentado en la mesa camilla del comedor, mirando por la ventana del octavo piso, esperaba la llegada de las rodajitas de pan con mantequilla.

Recuerdas aquel suéter de cuello alto, de poliester, frío y húmedo con el que me vestías en las mañanas valencianas para ir a clase. No me olvido.

Hoy no me olvido. Por eso, quiero decirte tantas cosas, que las voy a ir escribiendo en estas pequeñas cartas para que cuando empiece a perder la memoria, permanezcan en la nube y alguien las pueda leer.

La memoria esa gran maldición para los que ya no la tienen.
La memoria esa gran bendición para los que todavía la conservamos.
Tu ya la has perdido, pero con mis cartas voy a intentar recuperar algunos de nuestros pequeños momentos.

Qué momentos aquellos en los que después del cole, mientras hacía los deberes o merendaba a tu lado oíamos juntos las novelas de la radio del gran Guillermo Sautier Casaseca. Sólo recuerdo el nombre del autor, pero para mi es suficiente.

Qué grandes momentos del día a día vivimos. Los echo de menos, te echo de menos, mamá

Te escribo mañana. Besos.





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