Cuántos años tendría, tres o cuatro?
Y aquellas novenas que me preparabas sin que yo me enterara. La yema del huevo dentro del desayuno, la leche y las galletas, siempre tenían un sabor distinto que yo apreciaba y que tu te afanabas en negar. Tenía que ir al cole bien alimentado.
Yo miraba como fregabas los cacharros de la cena y me detenía especialmente en como retorcías el secamanos o la bayeta para dejarlo lo más seco posible.
Ah que no se me olvide, no me podría casar hasta que supiera cortarme las uñas de las dos manos...
Analizaba tus movimientos, miraba como hacías la comida intentando no molestar para que no me enviaras al salón.
Bueno y aquellos calcetines largos casi hasta la rodilla, porque el frío del invierno... amorataba las piernas!!
Por qué no nos pondrían pantalones largos...?
Me bajabas al portal de casa para subir al autobús del colegio. Era espectacular, un cacharro impresionante que me alucinaba. El cambio de marchas, largo, desde el suelo hasta la mano del chófer, bastante separada, y con un movimiento bamboleante, tremendo.
Algunos niños íbamos sentados en la cubierta del motor, que estaba en la parte interior, al lado del conductor, sobre una imitación de piel... supongo.
Por supuesto sin cinturón, sin medidas de seguridad, que probablemente no necesitábamos porque las velocidades eran muy bajas, relajadas.
Mañana te recordaré un poco el colegio al que me llevabas en preescolar, los parvulitos, las monjas Trinitarias.
Besitos grandes
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